Pensé en salir del cuarto. Pero mientras mi compañera de piso estuviera en el comedor, no pensaba hacerlo. Abrí la ventana para sacar un poco la cabeza de aquel lugar. Daba a uno de esos inútiles patios de luces que dejan entre finca y finca en las grandes ciudades. Aquel hueco estaba lleno de suciedad y tuberías, no circulaba el aire, y tampoco entraba mucha luz. Estiré los brazos y toqué la pared. ¿Antes era posible alcanzarla? Intenté moverme alrededor de la cama para llegar al armario, tropecé varias veces. Era la primera vez que me pasaba. El cuarto siempre me había parecido espacioso. Quise sacar una camisa limpia del armario empotrado. Pero al hacerlo, varias prendas salieron disparadas. Parecía que la ropa estuviera metida a presión. De nuevo pensé en salir del cuarto. Pero escuché a mi compañera toser al otro lado de la puerta. Mejor estar dentro. Volví a la ventana, necesitaba otra bocanada de aire. Esta vez no pude ni siquiera sacar la cabeza. ¿Estaba a...