Una idea titilaba entre brumas de ignorancia. La soberbia del matemático agarró el timón. Surcaría sobre papel oleadas de cálculos quiméricos, para zozobrar con vientos de inexactitudes irracionales. Su bajel no podía atravesar aquellas aguas. Y sus conjeturas huyeron por ocultos recovecos del Infinito laberinto de su mente naufragada. Sobre papel picaba nervioso con su bolígrafo. Subía y bajaba y tintaba el folio, y subía y bajaba y sangraba vida. Y la vida quedaba sobre el pliego. Rastro delator, olvidado por un criminal imprudente. Estertórea víctima al límite, todavía con vida. ¿Y la arrogancia? ruborizada por tamaña osadía. Se creyó capaz de rivalizar con Dios. Modelar una realidad caótica, dotarla de armonía. Orden lógico, variables conexas en sucesos inconexos. Concebir para predecir, quizás, un posible devenir. Despojar al futuro de toda posible sorpresa. Ahora, sin rumbo alguno, a la deriva, su mano solo fue capaz escribir: ESPERANZA. ¿Por q...