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Mostrando las entradas etiquetadas como vida

Microrrelato - Brillo

Sentado frente a aquel videojuego, todo dejó de funcionar.  No podía avanzar.  En la pantalla brillaba una vida que no era vida mientras por la ventana pasaba una vida que no vivía.  ¿Qué importa que viva si viviendo no vivo más que una falsa vida?  Solo un comando parecía funcionar.  Pulsó saltar, hacia el brillante cielo azul de una mañana de primavera. FIN ¡Pequeño roedor que has leído hasta el final!  Las ratas agradecen tu hazaña y brindan en tu honor. Mientras una toca una pequeña ocarina,  otra baila animada, y una tercera te recuerda: “ Síguenos , comparte y no olvides que  también estamos por  Facebook  e  Instagram ”

Cuentos en cuarentena II - Mundo exterior

Saldrá al exterior cuando el azul de paso al bermejo y al naranja y las sombras se alarguen sin premura para fundirse en una sola. Paseará sin temor por calles despobladas en las que ya no se escuchará el estrépito de centenares de pisadas. Solo el maullido lejano de algún gato, o un ladrido solitario, quebrará la quietud de la noche. Las hojas de los árboles dejarán de estar enfermas y ya no se acumulará el hollín sobre sus cortezas. Los suelos dejarán de lado el gris y el negro cuando se cubran de nueva vida. Solo la luna iluminará su incansable búsqueda de sustento. Entonces, justo antes de que raye el alba, cuando la noche es más oscura, volverá al amparo de su madriguera. Porque, a pesar de nosotros, la vida continúa. FIN ¡Pequeño roedor que has leído hasta el final!  Las ratas agradecen tu hazaña y brindan en tu honor. Mientras una toca una pequeña ocarina,  otra baila animada, y una tercera te recuerda: “ Síguenos , comparte y no olvides que...

El trato

Llegado a un punto se detuvo, Ángel no sabía qué hacer.  Siempre salía a pasear por la montaña cuando necesitaba tomar una decisión, y ahora, frente a él, tenía dos caminos. Uno podría ser una vida tranquila. Se casaría pronto con su pareja. Luego vendrían los niños. Después pasarían lo años y, quizás, algún día podría sentirse tan ilusionado como lo estaba ahora su padre, enseñándole los pormenores del pequeño negocio familiar. El otro camino era un buen trabajo en la capital. ¿Querría su pareja seguirlo? ¿Le rompería el corazón a su padre? Aquella oferta abría toda una serie de inciertas posibilidades. Y mientras trataba de vivir sus posibles futuros, un silbidito, interrumpido por una insulsa estrofa, lo sacó de sus pensamientos. “En el fondo de un lago helado. Lo dejaron triste y olvidado”. Un hombre llegó a la encrucijada en la que se encontraba. —¡Muy buenos días joven! —era mayor, parecía rondar los setenta, pero venía subiendo la cuesta con el brío de un...