Poca gente alrededor del mundo se da cuenta de que un niño aburrido puede convertirse en un terror con el único límite de su imaginación. Ravi, de 8 años, se aburría mucho. Llevaba un rato en una pequeña plaza de Delhi lanzando piedrecitas a tres latas de refresco vacías. Pero tras un tiempo, que podría medirse en dos docenas de pequeños proyectiles, se detuvo: estaba muy decepcionado con su puntería, solo había acertado con tres, así que decidió no recargar y pateó una de las latas, asustando a unas cuantas palomas que picoteaban cerca. Es curioso cómo funciona la mente de los niños, mientras un adulto acepta el aburrimiento y se conforma con él, la mente infantil se desborda con la más nimia curiosidad y puede comenzar a tramar nuevos planes de improvisto. Había un trozo de cordel por el suelo. La cabeza de Ravi se llenó de ideas, ninguna buena. Su primer pensamiento fue atar a una paloma y pasearla como si de un globo se tratara. Pero la curiosidad saltó...