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Mostrando las entradas etiquetadas como anciano

De piedras

El anciano meditaba con minuciosidad donde debería clasificar el canto rodado que sujetaba en la zurda. Señalaba los estantes con la mano libre y se decía, aquí no, conforme los apuntaba con el índice y recordaba que tenía guardado en cada uno de ellos. Entonces pasaba a otra sección de aquella habitación atestada con las piedras que había coleccionado durante toda una vida, ordenadas por tamaños y formas. El suelo, por supuesto, también estaba lleno de piedras, era parte del sistema, caótico para otros, no para él. Además, sus pies habían memorizado la posición de cada una, sabía de sobra donde estaban los espacios vacíos, así que nunca tropezaba con ellas. Se detuvo durante un instante en uno de los muchos tablones que cubrían las paredes, allí había pegado unas piedras con una caprichosa forma curva, casi como un bumerang. Después visitó con la mirada el resto de tablones, cada uno de ellos con una colección de cantos rodados con formas casi idénticas. Por algún motivo le vino a la ...

Cuentos en cuarentena I - Vicente

Vicente siempre fue muy discreto.  Tanto que era capaz de pasar desapercibido en medio de cualquier gentío. Avanzaba lento, pero con decisión, a través de los pasillos de la residencia. Su nieto siempre le contaba historias de sus superhéroes favoritos y ahora, a sus ochenta años, se ilusionaba con la idea de que quizás él tenía el superpoder de la invisibilidad. Su destino era la sala común. Había pasado la última semana guardando reposo por un fuerte catarro y no había visto a sus amigos. Llegó hasta la puerta cerrada de la sala y se coló sin que nadie reparara siquiera en que estaba allí. A Joaquín le dijo que hoy para comer tenían lentejas, a Amparito que le debía un euro del parchís del otro día. Saludó a Encarna y le recordó que tenía que contarle algo de unos pimientos. A Antonio le comentó lo guapa que era su nieta y a Paco que se alegraba que lo de su hija saliera bien. Y así continuó, uno a uno hizo la ronda y los saludó a todos, como siempre hacía. Después se sen...

El trato

Llegado a un punto se detuvo, Ángel no sabía qué hacer.  Siempre salía a pasear por la montaña cuando necesitaba tomar una decisión, y ahora, frente a él, tenía dos caminos. Uno podría ser una vida tranquila. Se casaría pronto con su pareja. Luego vendrían los niños. Después pasarían lo años y, quizás, algún día podría sentirse tan ilusionado como lo estaba ahora su padre, enseñándole los pormenores del pequeño negocio familiar. El otro camino era un buen trabajo en la capital. ¿Querría su pareja seguirlo? ¿Le rompería el corazón a su padre? Aquella oferta abría toda una serie de inciertas posibilidades. Y mientras trataba de vivir sus posibles futuros, un silbidito, interrumpido por una insulsa estrofa, lo sacó de sus pensamientos. “En el fondo de un lago helado. Lo dejaron triste y olvidado”. Un hombre llegó a la encrucijada en la que se encontraba. —¡Muy buenos días joven! —era mayor, parecía rondar los setenta, pero venía subiendo la cuesta con el brío de un...