–¡Ay chicos! Como añoro los días en los que era tan solo un poco de arcilla esparcida por el campo. Aquello era otra vida… Sentía la lluvia caer y filtrarse. Entonces, las plantas dejaban crecer sus raíces a través de mí y se alzaban alegres hacia el sol. Luego llegaba la época de calor y se secaban, se quebraban, y yo… entristecía. Pero siempre volvía a llover, solo había que esperar. El ladrillo paró su discurso en seco, unas manos se acercaron y se llevaron otro ladrillo de la pila. –Un día llegaron las máquinas, eran grandes y ruidosas… me recogieron a palazos, jamás he vuelto a ver aquellas piedras que eran amigas mías, acabaron trituradas y desechadas. Me sometieron a extraños procesos: me prensaron, me cocieron… me empaquetaron junto a vosotros y… Volvió a silenciar su discurso, esta vez las manos se lo llevaron a él. – ¡Buf! Menos mal que se lo han llevado. – ¿Cuántas veces nos ha contado lo mismo? – Demasiadas, no hubiera soportado escucharlo otra vez, menos mal que… Las man...