Aquel uno de noviembre se casaba uno de mis amigos, y yo me encontré sentado en una de las mesas sin saber muy bien como había llegado hasta allí. Miraba con una media sonrisa el baile nupcial de la pareja. Era divertido verlos, a pesar de todo lo que habrían practicado se notaba la torpeza y la duda en sus pasos. Terminó el vals y se pudo notar el alivio de la pareja. Habían hecho el baile por tradición, yo los conocía bien y ninguno bailaba, no les gustaba. Cuando finalizaron los aplausos empezó a sonar otra música más actual y los invitados fueron animándose poco a poco a salir a la pista. Desde mi sitio veía todo el salón, no me apetecía unirme por el momento, pero entonces las puertas se abrieron y entraron otras personas. Eran de todas las edades. Algunos vestían normal y otros con ropa y estilos antiguos. Al principio me sorprendí, eran muchos y llenaron todo el salón. ¿Se habían colado? ¿Eran de otra boda? Pero a nadie parecía importarle, de hecho, era como si nadie los viera. ...