Conduzco con la determinación de quién ya no tiene nada que perder. El viejo motor ruge, puede que reviente, o puede que no. Las luces se convierten en líneas brillantes, como si hubiera saltado al hiperespacio en alguna nave de ciencia ficción. Mi mujer se ha marchado sin dar explicaciones y mañana me embargan la casa. Llevo conmigo todas mis posesiones: una pequeña maleta con algo de ropa, un viejo portátil, el coche a punto de morir y un revolver con seis balas. Me sobran cinco. Felipe Márquez estaba en su casa, en algún lugar de la ciudad estaban haciendo un pequeño espectáculo de fuegos artificiales. Sonrió al verlo por la ventana y tomó otro sorbo de vino. Pletórico de alegría pensó que aquello era un buen auspicio. Había tenido muchas dudas sobre su movimiento, pero al final se había atrevido a llevarlo a cabo y todo estaba saliendo bien. Paseó por su casa y volvió a leer la carta de la editorial. Estimado señor Márquez: Tras las conversaciones mantenidas y después de leer el ma...