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Mostrando las entradas etiquetadas como Cuarentena

Cuentos en cuarentena VI - Cuarto menguante

Pensé en salir del cuarto. Pero mientras mi compañera de piso estuviera en el comedor, no pensaba hacerlo. Abrí la ventana para sacar un poco la cabeza de aquel lugar. Daba a uno de esos inútiles patios de luces que dejan entre finca y finca en las grandes ciudades. Aquel hueco estaba lleno de suciedad y tuberías, no circulaba el aire, y tampoco entraba mucha luz. Estiré los brazos y toqué la pared. ¿Antes era posible alcanzarla? Intenté moverme alrededor de la cama para llegar al armario, tropecé varias veces. Era la primera vez que me pasaba. El cuarto siempre me había parecido espacioso. Quise sacar una camisa limpia del armario empotrado. Pero al hacerlo, varias prendas salieron disparadas. Parecía que la ropa estuviera metida a presión.  De nuevo pensé en salir del cuarto. Pero escuché a mi compañera toser al otro lado de la puerta. Mejor estar dentro. Volví a la ventana, necesitaba otra bocanada de aire. Esta vez no pude ni siquiera sacar la cabeza. ¿Estaba a...

Cuentos en cuarentena V - Inalcanzable

De no ser por los aplausos nunca se habrían conocido, de hecho, tampoco le sonaba haberla visto por el barrio. Pero allí estaba, en la finca de al lado. Balcones contiguos, casualidad arquitectónica. —¿Qué piensas hacer cuando salgas? —preguntó él. —Quiero ir a la montaña. —¿Tienes una casita en la sierra? —No, no. Nunca faltaba a la cita de las ocho, era el único momento en que podía verla. Aunque fuera de balcón a balcón. Separados por un abismo, inalcanzable. —Tenía un viaje planeado… a Nepal —dijo ella. —Vaya. Que… lejos. —Sí, iba a ser algo especial. —Oye, siempre he querido hacer un viaje así. ¿Qué te parece si te acompaño? Cuando todo terminara la abrazaría y le diría lo que siente. Cada día imaginaba el momento de una manera diferente e idílica. Ayer fueron como esos dos amantes frente a una cafetería de Paris, hoy eran el soldado y la enfermera tras la gran guerra, mañana… ¿El famoso beso de Klimt? ¿Quién sabe? —No lo entiendes. —¿El qué? —No es...

Cuentos en cuarentena IV - Buitres

Mientras miraba la televisión durante uno de esos días de interminable encierro, advertí que la imagen de unos buitres festejando alrededor de un cadáver es algo que puede verse bastante a menudo. Al principio rondan en círculos su objetivo. Tímidos, quizás sintiendo cierta empatía. Pero no tardan demasiado en desvelarse sus intenciones: los muertos, muertos están. Una vez empezado el festín los vi picotear, desgarrar y pelearse entre ellos por llevarse el mejor pedazo. Apagué el televisor cansado de aquel espectáculo. Incapaz de soportar un minuto más aquella lamentable sucesión de charlatanes en busca de votos. FIN ¡Pequeño roedor que has leído hasta el final!  Las ratas agradecen tu hazaña y brindan en tu honor. Mientras una toca una pequeña ocarina,  otra baila animada, y una tercera te recuerda: “ Síguenos , comparte y no olvides que  también estamos por  Facebook  e  Instagram ”

Cuentos en cuarentena III - Estridente

Llevábamos más de 5 años casados y otros tantos de noviazgo. Los niños no habían llegado todavía.  Por las mañanas cada uno a su trabajo y, por la tarde: una ducha, algo de sexo —a veces, no siempre—, la cena y un poco de televisión. El sábado ella aprovechaba para ir al gimnasio; yo, por desgracia —o por la gracia de alguien— trabajaba. El domingo siempre comíamos en casa de algún familiar. Llegaba el lunes y la rueda volvía a girar, siempre igual. Una pareja feliz. O eso creía. Hasta que nos vimos obligados a pasar las veinticuatro horas juntos, sin poder salir de casa. Empezó con cosas pequeñas que yo no había advertido. O quizás sí, pero ahora tenía más tiempo en pensar porqué me molestaban. Como cuando yo quería planear unas vacaciones diferentes, cuando pudiéramos volver a salir deseaba viajar a algún sitio nuevo. Ella tumbaba todos mis planes: en vacaciones al chalé, como siempre, que para eso lo estábamos pagando. Sea como fuere, en esos días de encierro y teletra...

Cuentos en cuarentena II - Mundo exterior

Saldrá al exterior cuando el azul de paso al bermejo y al naranja y las sombras se alarguen sin premura para fundirse en una sola. Paseará sin temor por calles despobladas en las que ya no se escuchará el estrépito de centenares de pisadas. Solo el maullido lejano de algún gato, o un ladrido solitario, quebrará la quietud de la noche. Las hojas de los árboles dejarán de estar enfermas y ya no se acumulará el hollín sobre sus cortezas. Los suelos dejarán de lado el gris y el negro cuando se cubran de nueva vida. Solo la luna iluminará su incansable búsqueda de sustento. Entonces, justo antes de que raye el alba, cuando la noche es más oscura, volverá al amparo de su madriguera. Porque, a pesar de nosotros, la vida continúa. FIN ¡Pequeño roedor que has leído hasta el final!  Las ratas agradecen tu hazaña y brindan en tu honor. Mientras una toca una pequeña ocarina,  otra baila animada, y una tercera te recuerda: “ Síguenos , comparte y no olvides que...

Cuentos en cuarentena I - Vicente

Vicente siempre fue muy discreto.  Tanto que era capaz de pasar desapercibido en medio de cualquier gentío. Avanzaba lento, pero con decisión, a través de los pasillos de la residencia. Su nieto siempre le contaba historias de sus superhéroes favoritos y ahora, a sus ochenta años, se ilusionaba con la idea de que quizás él tenía el superpoder de la invisibilidad. Su destino era la sala común. Había pasado la última semana guardando reposo por un fuerte catarro y no había visto a sus amigos. Llegó hasta la puerta cerrada de la sala y se coló sin que nadie reparara siquiera en que estaba allí. A Joaquín le dijo que hoy para comer tenían lentejas, a Amparito que le debía un euro del parchís del otro día. Saludó a Encarna y le recordó que tenía que contarle algo de unos pimientos. A Antonio le comentó lo guapa que era su nieta y a Paco que se alegraba que lo de su hija saliera bien. Y así continuó, uno a uno hizo la ronda y los saludó a todos, como siempre hacía. Después se sen...