Era guapa la nueva enfermera que nos ha acompañado hoy hasta la consulta. ¿A que sí? —No era enfermera. Era recepcionista. —Ah… bueno, da igual. Era guapa. —No empieces por favor. Siempre haces cosas que me dan mucha vergüenza. —¡¿Pero a ti no te ha parecido guapa?! —Bueno… sí… —¿Y por qué tienes reparos en decirlo? Que ojazos tenía. —Sí… supongo que sí. —¡Dile algo cuando salgamos! Invítala a cenar. —No, no, no… Jamás, ¿Y si ya tiene pareja? ¿Y si no le resulto atractivo? —Oh, vamos. Si no lo haces tú… lo pienso hacer yo. —No. Siempre acabas dejándome en evidencia. Quédate callado esta vez. —Cuando salgamos le preguntaré a qué hora termina y si le gustaría cenar. Es muy simple. Si dice que no, nos vamos. Si dice que tiene pareja, nos vamos. Si duda… —Si duda, no la dejarás en paz ¿verdad? —Tenemos que venir más veces a este sitio. La próxima vez podríamos traer un regalito para ella. —¿Y cómo sabremos lo que le gusta? —Cualquier detalle servirá. —¿Un...