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Entradas

Un incordio

Cuando Berta entró al comedor de su casa, y vio aquel hombre pegado a la pared, estuvo a punto de lanzar los cereales del desayuno por los aires. La puerta estaba cerrada y era un décimo. Lo único abierto era el balcón. Así que se limitó a levantar una ceja y esperar que eso fuera suficiente para obtener una explicación. —Disculpa. Me sorprendió el amanecer. —¿Y? —Y… ¿Lo siento? —No. ¿Y ese es motivo para entrar en mi casa? —Verás… Vampiro soy y… —Verás, a mi me sorprende el anochecer cada día al salir del trabajo y no me meto en la primera casa que encuentro. —Pero a ti no te mata. —En eso tienes razón. Lo que me mata es el trabajo. Ella se dejó caer pesadamente en el sofá y lo miró mientras estiraba las piernas sobre la mesita. El pobre ser de la oscuridad estaba plantado en el pequeño espacio de pared que quedaba entre los dos ventanales que daban al exterior, la luz del amanecer entraba directa en aquel salón orientado al este y el apurado ser de la noche estaba plantado en un pequ...

Microrrelato - 31 de Octubre

La mujer de mi amigo Pepe siempre le tuvo mucho cariño a una vieja escoba, de esas artesanales, de paja. Fue de su abuela y la tenía como decoración colgada en la pared del salón. Una noche le dijo a mi amigo que salía de cena con las chicas. La escoba desapareció hasta el día siguiente. FIN ¡Pequeño roedor que has leído hasta el final!  Las ratas agradecen tu hazaña y brindan en tu honor. Mientras una toca una pequeña ocarina,  otra baila animada, y una tercera te recuerda: “ Síguenos, comparte y no olvides que  también estamos por  Facebook  e  Instagram ”

Paso a Paso

El lugar estaba lleno de curiosos y toda la prensa nacional e internacional. Se habían desplazado hasta la frontera para ser testigos de lo que había terminado por convertirse en una especie de tradición —como el traspaso del fuego olímpico— desde que aquel hombre fuera detectado por primera vez en un remoto lugar Rusia. Mientras él llegaba, despacio, pasito a pasito, sonaron en la frontera los himnos de Francia y España, en ese orden. Allí estaban el rey y el presidente de la república francesa; además de toda la plana del gobierno —y oposición— de ambos países. Se pronunciaron discursos, se realizaron promesas y se aprovechó para aparecer frente a las cámaras firmando algo irrelevante revestido de solemnidad. Pasadas varias horas, aquel hombre pisó con un pie, el izquierdo para ser exactos, nuestra tierra. Los flases de las cámaras empezaron a zumbar y los curiosos a vitorear. Las personalidades de ambos países se estrecharon las manos y mis compañeros de la guardia civil y yo, desig...

Microrrelato - Brillo

Sentado frente a aquel videojuego, todo dejó de funcionar.  No podía avanzar.  En la pantalla brillaba una vida que no era vida mientras por la ventana pasaba una vida que no vivía.  ¿Qué importa que viva si viviendo no vivo más que una falsa vida?  Solo un comando parecía funcionar.  Pulsó saltar, hacia el brillante cielo azul de una mañana de primavera. FIN ¡Pequeño roedor que has leído hasta el final!  Las ratas agradecen tu hazaña y brindan en tu honor. Mientras una toca una pequeña ocarina,  otra baila animada, y una tercera te recuerda: “ Síguenos , comparte y no olvides que  también estamos por  Facebook  e  Instagram ”

Un impostor

Chills se sorprendió al ver que en la base quedaba alguien más con vida después que todo saltara por los aires. Pero necesitaba ser prudente. Ese loco había quemado el pajar entero para buscar una aguja. No sabía si podía confiar en él, en aquel lugar ya no se podía confiar en nadie. Necesitaba un poco de tiempo para saber si era un humano o un impostor. No podía precipitarse. No con MacReady. En los últimos días había demostrado ser astuto y peligroso. Aunque ahora debía estar confundido. *    *    * ¿Eres Chills de verdad? ¿Qué importa ahora? Ambos sabemos que se acabó. Yo solo quería sentarme y esperar la muerte con esta botella de whisky . Dormir un poco y dejarme llevar tras vivir toda esta locura. Pero has aparecido en medio de esta tormenta, rodeado de preguntas. Llevamos muchos días jugando este extraño juego de escondites. Ahora solo quedamos dos. Y yo sé que soy humano. Me quedan algunas balas, podría pegarte un tiro y ahorrarte morir de hipotermia. Pero… s...

Ranas azules

Llegó hasta la puerta de su apartamento y llamó, casi todos los vecinos estaban en el pasillo preguntándole si sabía algo. Hizo un gesto con la mano y dio a entender que esperasen un momento, así lo contaba solo una vez. —¿Se sabe algo? —preguntó su mujer nada más abrir la puerta. —El portero ha cerrado todas las salidas por orden de... —¡La policía no puede dar una orden así! —interrumpió un vecino, el del mil doce. —No ha sido la policía, en esta zona de la ciudad está el ejército. —¿Y qué hace el ejercito? ¿Es un golpe de estado? —preguntó el vecino del mil seis. —¿Y por qué no funciona la televisión? —era la vecina del mil cuatro. —¡Qué le den a la tele mamá! Yo tengo una raid online con otros cuarenta tíos en veinte minutos. Recibió una sonora colleja de su padre que hizo que el resto de vecinos se callaran. —A ver, tranquilos. Nos han pedido que por favor nos quedemos en casa. Que no nos acerquemos a las ventanas y que nadie salga del edificio. Está toda Valencia igual. —¿Hasta c...

Desfiladero

Ocurrió hace mucho tiempo, cuando los hombres todavía no sabían levantar casas y erraban por tierras polvorientas nunca antes pisadas, cuando cada montaña era una nueva maravilla, una piedra afilada el máximo símbolo de poder y conseguir una buena presa podía marcar la diferencia entre continuar errando o ser parte del camino. Cuatro cazadores avanzan entre matorrales. En fila. El jefe a la cabeza. No ocultan su presencia, hoy no buscan presas. Pero tampoco pronuncian palabra alguna desde hace rato. Buscan la forma de llegar a lo alto del desfiladero. La pendiente es pronunciada y el sol castiga sus hombros. —¡Vamos! —ordena el jefe—. Ya casi estamos. Tras él camina Lar. Más joven, más fuerte. La subida es nada para él. Pero su corazón salta acelerado e inquieto en el pecho. Sabe lo que va a pasar. « Esa será una de tus últimas órdenes. Disfrútala. Cuando lleguemos arriba, solo hará falta un pequeño empujón. Pisó una piedra suelta y se precipitó al vacío diremos. Todos creerán que ha s...

Esta tierra es nuestra

—¡Hey enano!   ¡Quita de ahí! Detuvieron el juego en seco y se acercaron todos al chiquillo que se había plantado en medio del campo. —¡NO! —dijo el pequeño poniendo sus brazos en jarra. —Si no te quitas de aquí vamos a darte un balonazo. —era un chico mayor y lo doblaba en altura—. O a lo mejor tropezamos contigo y te hacemos daño. —¡NO! —Venga niño déjanos jugar, hemos llegado antes —Quiso ponerle la mano en el hombro, pero antes de tocarlo aparecieron otros chiquillos gritando. —¡No lo toques! —¡Sois vosotros los que os tenéis que marchar! —dijo el pequeño, estiraba el cuello, subía la barbilla tratando de parecer más alto—. Lleváis mucho rato, es nuestro turno. —Esto es un parque, no hay turnos. La próxima llegáis antes. —Nos toca a nosotros. Lleváis más de una hora. —¿Y si partimos el campo en dos y cada uno juega en una parte nos dejáis en paz? —¡NO! Es nuestro turno. —Vamos pasa del pequeño —dijo otro de los mayores—, si le damos un balonazo o lo arrollamos se irá llorando y...

El rapaz y el ataúd

Nada más ver al niño sacó su Colt y lo amartilló. El pequeño estaba en medio del camino junto a un caballo muerto. No parecía haber nadie más, no era lugar para emboscadas, pero si alguien aparecía tras un arbusto o si un rifle lejano fallaba su disparo, él no lo haría con el pequeño. Rodeó al animal del suelo y detuvo su carro. —¿Problemas rapaz? Estas muy lejos de ninguna parte ¿Y tus padres? —preguntó sin dejar de apuntarle. —Señor, mi caballo… ¿Puedo viajar con usted hasta el siguiente pueblo? —Primero dime donde están tus padres y qué haces aquí. —Mi madre murió al nacer yo, y mi padre… fue asesinado hace un par de días. —Lo siento rapaz, vivimos en un mundo complicado.  —Entonces… —Empezó a decir mientras se acercaba a la carreta —Primero termina de contestar a mi pregunta. —Supongo que presioné demasiado al animal. Estaba… persiguiendo al asesino de mi padre. Ahora se escapará y perderé su rastro. —¿Vas armado? —No señor. —¿Seguro? ¡Date la vuelta! —dijo haciendo señas con e...

Última tinta

Una idea titilaba entre brumas de ignorancia.  La soberbia del matemático agarró el timón. Surcaría sobre papel oleadas de cálculos quiméricos, para zozobrar con vientos de inexactitudes irracionales. Su bajel no podía atravesar aquellas aguas.    Y sus conjeturas huyeron por ocultos recovecos del Infinito laberinto de su mente naufragada. Sobre papel picaba nervioso con su bolígrafo.  Subía y bajaba y tintaba el folio, y subía y bajaba y sangraba vida. Y la vida quedaba sobre el pliego.  Rastro delator, olvidado por un criminal imprudente. Estertórea víctima al límite, todavía con vida. ¿Y la arrogancia? ruborizada por tamaña osadía. Se creyó capaz de rivalizar con Dios. Modelar una realidad caótica, dotarla de armonía. Orden lógico, variables conexas en sucesos inconexos. Concebir para predecir, quizás, un posible devenir. Despojar al futuro de toda posible sorpresa. Ahora, sin rumbo alguno, a la deriva,  su mano solo fue capaz escribir: ESPERANZA. ¿Por q...